Bajo el titulo: Polución que nos está matando” el periódico El Colombiano analizó como la calidad del aire que respiramos en las ciudades viene afectando la salud de las personas. Por considerarlo un tema de gran interés transcribimos el texto:

La contaminación del aire en la ciudad es asunto crítico para la salud pública y una solución real al problema no parece encontrarse en el corto plazo. El último campanazo sobre nuestra crisis ambiental la dio esta semana la Veeduría Ciudadana al Plan de Desarrollo de Medellín, al alertar que “el aire que respiramos nos está matando”.
La Veeduría cuestiona a la Administración la falta de información real frente a las afectaciones en la salud de los habitantes por el aire contaminado, la baja efectividad de las medidas adoptadas tras la pervivencia de los días grises e irrespirables en la ciudad y la tendencia a ser más reactivos que preventivos frente a una situación que exige medidas de fondo.
Un estudio sobre el impacto en la salud por la contaminación del aire en esta ciudad, lo realizó la Facultad Nacional de Salud Pública de la U. de Antioquia, coordinado por el científico Elkin Martínez, bajo el interrogante ¿Cuánto cuesta en vidas humanas la contaminación del aire?, caso Medellín Colombia. Allí se revisaron los datos de mortalidad por enfermedades respiratorias crónicas y cáncer de pulmón, en certificados de defunción del Dane, entre 1980 y 2012 en Medellín.
Se encontró que en la ciudad mueren al año alrededor de 1000 personas por enfermedad pulmonar crónica, 500 por cáncer de pulmón y 1500 por enfermedad cardiovascular provocada por el ingreso a la sangre de gases tóxicos y partículas ultrafinas que contaminan el aire, como el material particulado PM2.5 micras (humo negro) emitido, en gran concentración, por carros viejos convertidos de gasolina a diésel (chimeneas rodantes) de un parque automotor pesado y obsoleto. “En total son 3000 muertes al año en Medellín, 8 diarias por causas asociadas a la contaminación del aire”, dice el estudio.
Para ahondar en el conocimiento de los efectos de la contaminación en la salud, la Alcaldía firmó, con recursos públicos, un convenio con la U. de A. De este se dice que ya hay resultados, pero los mismos, al parecer, siguen siendo reservados.
Reconocemos los avances técnicos y científicos, con grandes inversiones, para medir la calidad del aire del Aburrá, hecho que ha permitido adoptar medidas para contrarrestar las crisis ambientales. También se ha ganado en conciencia ciudadana y empresarial frente a la defensa del aire y transformado todo el sistema público de transporte en compatible con el medio ambiente.
En el Plan de Desarrollo de Medellín se formuló el programa “Por la calidad del aire que respiramos”. Este tiene varios componentes claves: impulso de la movilidad amigable con el medio ambiente, promoción de estrategias educativas para promover la movilidad sostenible, incentivar la transición a movilidad eléctrica y vigilancia epidemiológica de los efectos en la salud por la calidad del aire.
Pero, observa la Veeduría, que en algunos de los componentes de dicho plan el porcentaje de eficiencia es cero, en otros no se cuenta con información disponible que permita hacer seguimiento de las metas propuestas y que mientras no exista una nueva regulación que reduzca los niveles de exposición a partículas contaminantes no comenzarán los cambios.
Las víctimas fatales asociadas a la contaminación ambiental, que multiplican por diez las que mueren en accidentes de tránsito al año, según el análisis de la U. de A., son solitarias, sin grandes duelos sociales; personas que se consumen aferradas a un tanque de oxígeno y se extinguen en sus viviendas o en centros hospitalarios por un mal que pudo evitarse y que ahora, con más información científica, exige soluciones de fondo y urgentes.